Mañana se cumple un mes de un encuentro que sus protagonistas describen como histórico. Se trata de la primera reunión entre el Papa Benedicto XVI, cabeza de la Iglesia Católica, y el Congreso Judío Latinoamericano, la institución que nuclea a los comités centrales israelitas de los países del continente.En representación de los judíos residentes en Uruguay acudió el presidente del Comité Central Israelita local, Roberto Cyjon. En entrevista con El Observador, el ingeniero destacó el “orgullo y satisfacción” con el que participó en el encuentro, “porque escribir una nueva historia con la iglesia cristiana, representada por el Papa, es de una trascendencia fenomenal”. La iniciativa concreta de la reunión fue del Vaticano, que busca “construir lazos cada vez más fuertes de amistad y colaboración”, según dijo el Pontífice en su mensaje a los presentes en el encuentro.“Lo extraordinario es que, tanto judíos como católicos, todos tuvimos un sentimiento muy unificador e importante y nos pusimos en el lugar del otro”, destacó Cyjon a su regreso a Montevideo. “Sentí que estaba ante una figura y en un lugar venerado por el verdadero creyente católico, de una importancia fenomenal, muy trascendente. Sentí, a su vez, que del otro lado estaba el mismo genuino reconocimiento al pueblo que creó el monoteísmo y que tiene las mismas bases teológicas sobre las que se funda la Iglesia. Se sentía en las palabras”, recordó.Lo que le dio al evento un “engrandecimiento mayor”, al entender del representante de los judíos uruguayos, fue el respeto “extraordinario hacia ambas religiones” que se vivió.“Históricamente contento”A la hora de transmitir lo histórico de lo vivido, Cyjon relató que antes de viajar a Roma visitó a una amiga suya, católica, que le dijo que le pidiera al Papa que rezara por su hermano, que estaba enfermo. El judío tomó la causa como propia y, cuando saludó a Benedicto XVI, le pidió, “en nombre de los católicos uruguayos”, que se uniera a la intención.“Si bien me tomé una atribución, me parecía que al hacerlo estaba engarzando el concepto para el cual viajamos”, agregó. En efecto, el Papa se conmovió con su compromiso con los católicos y puso su mano izquierda sobre las derechas que se estrechaban, sonriendo. “Y yo me sentí históricamente contento”, agregó el uruguayo.Al entender de Cyjon, desde el lado judío y del católico hay una voluntad real de encontrar encuentros que superen “lo que los pasados milenios o centurias pudieran haber dejado de residuos tóxicos”.Es que, para él, la trascendencia del encuentro está en el camino recorrido hasta él. “Durante el tiempo en que los estados fueron Estado-religión, los dominantes no siempre fueron contemplativos con la religión judía. Es una realidad que no podemos obviar. De ahí han surgido instancias muy crudas como expulsiones. No podemos negar que hubo residuos de esas persecuciones religiosas que incidieron en estigmas, odios”, comentó el judío. E insistió: “Eso es, justamente, lo que se está tratando de mejorar, frenar y dialogar”.Este camino hacia el diálogo se hizo más claro en 1965, cuando el Concilio Vaticano II promulgó la declaración Nostra Aetate, que sentó también “las bases para una nueva valoración teológica de la relación de la Iglesia con el judaísmo”, según el texto de ese documento.Luego Juan Pablo II avanzó en la causa con el reconocimiento del Estado de Israel, una visita a ese país y la asistencia a la sinagoga de Roma. Benedicto XVI, que había vivido de cerca el proceso, lo asumió luego y le dio un nuevo impulso. La última muestra de esto es la reunión de mayo.Nuevas páginasPara esto hubo que dejar que el tiempo pasara. Los judíos no olvidan el nazismo y sostienen que el Papa de ese momento, Pío XII, tuvo “puntos muy importantes de contacto” con esa ideología. Cyjon consideró que el Pontífice “tuvo en desgracia el mal momento en el que fue elegido” y que, si bien todavía no se han revelado varios documentos históricos, la Iglesia Católica no se opuso de forma contundente al nazismo, y esto, “lo único que hizo, fue exacerbar la cultura del odio, que después es más difícil de desentrañar”.De todas formas, matizó el judío, “hubo sacerdotes católicos y familias católicas se han jugado la vida”.Y aunque no perdonan a los protagonistas del pasado, los judíos buscan la reconciliación con las nuevas generaciones, porque “no se puede quedarse encriptado en una cultura del odio que solamente genera destrucción”.“La historia -dijo después- no se puede reescribir. Pero lo que podemos hacer es escribir juntos el futuro”.
“No podemos reescribir la historia. Podemos escribir juntos el futuro”
10/Jun/2012
ElObservador.com.uy, Carolina Bellocq